
La personalidad, en sí misma, es solamente un vehículo y nada más. A través de ella puede manifestarse el Ego o el Ser; todo depende de nosotros mismos.
Esa es la personalidad. Ahora veamos qué es la falsa personalidad. Esta es el vehículo del Ego. Para que el yo psicológico pueda expresarse, necesita falsear a la personalidad; necesita hacerla vibrar de una forma más densa. Cada yo, por ejemplo la ira, la lujuria, la gula, etc., tiene una forma particular de expresión.
Estos agregados psicológicos se apoderan de los cinco centros de la máquina humana y nos convierten en verdaderos posesos. Veamos el caso de una persona que se deja llevar por la ira: cómo se transforma el rostro, cómo empuña las manos con actitud de agredir, amenazar y, finalmente, dañar. El yo de la ira se alimenta de la energía de los cinco centros y la consume, dejando después a la persona agotada y sin energía.
De esta manera se robustece ese agregado psicológico. Posteriormente, comienza a buscar nuevamente ese alimento y cualquier pretexto le sirve para justificar su presencia.
Si hay personas que intentan impedir su paso, diciéndole que no tiene caso molestarse, buscará justificarse afirmando que fue el otro quien lo provocó y quien inició el problema. Incluso, también se molestará con quienes intenten hacerlo entrar en razón:
—«Como a ti no te dijo nada, es a mí a quien está molestando». —«Si hubieras visto cómo me lo dijo…».
Y, después, todo vuelve a parecer normal. Se suele decir:
—«¿Quién no se va a enojar?».
Sería muy raro escuchar:
—«Estoy poseído por la ira; necesito eliminar este defecto. No es normal reaccionar de esta manera».
Porque, en ese momento, el agregado psicológico ve amenazada su existencia y la fuente de su alimento.
Así se comporta cada uno de los yoes: siempre buscan una razón para existir.
Ese es el comportamiento de los yoes en su forma más burda y evidente pero la que más esconde. Sin embargo, existen formas más sutiles y refinadas mediante las cuales continúan alimentándose. La primera herramienta, como hemos dicho, es la falsa personalidad. A través de ella, el Ego ha creado sistemas políticos, cultos religiosos, la tecnología, la economía, la educación, las modas, los deportes, etc.
Cada persona termina por crearse una falsa imagen de sí misma y por colocarse diferentes máscaras.
La personalidad, cuando no es falseada por el yo psicológico, entra en concordancia con las vibraciones de la naturaleza y adquiere un estado de presencia: aquí y ahora, en alerta y novedad. Es entonces cuando entra en acción el porcentaje de conciencia que poseemos, que normalmente es apenas un tres por ciento. Ese es el observador; es a él a quien la naturaleza le habla y con quien puede compenetrarse.
La personalidad es solamente un instrumento; el problema comienza cuando es tomada por los múltiples yoes y convertida en una falsa personalidad. Aprender a distinguir entre las manifestaciones del Ego y las expresiones del Ser constituye una de las tareas más importantes del trabajo interior. La autoobservación constante y la comprensión profunda de nuestros defectos nos conducirán, paso a paso, hacia el despertar de la conciencia.
Te invitamos a continuar con esta serie de estudios en el próximo artículo, donde seguiremos profundizando en estos aspectos fundamentales del conocimiento interior.


















