En este tema vamos a estudiar qué es el alma, ese elemento interno tan importante en el ser humano.
Comencemos citando una definición comúnmente aceptada:
El alma del ser humano se considera la parte intangible que habita en el cuerpo, que nos da la capacidad de pensar y sentir. Es capaz de dar vida al organismo y constituye la esencia inmaterial que define al individuo y a la humanidad.
Como podemos observar, esta definición difiere en concepto y profundidad de lo que enseña la Gnosis. Basándose en esta idea, se da por hecho que toda persona posee un alma plenamente desarrollada. No se hace una diferencia entre la esencia y el alma; de hecho, suelen percibirse como si fueran lo mismo. Desde la perspectiva gnóstica, esto constituye una percepción errónea.
Para comprender la diferencia entre ambos conceptos, definiremos qué es el alma según la enseñanza gnóstica.
Dentro de los estudios gnósticos se afirma que:
«El alma es el conjunto de virtudes con las cuales se reviste el Ser.»
También se nos dice que:
«El alma es un centro de gravedad consciente y permanente.»
Esto significa que existe una integración interior; no se encuentra dispersa ni fragmentada.
El alma como conjunto de virtudes
El Ser no puede manifestarse a través de los defectos psicológicos como la pereza, el orgullo, la codicia, la ira, la lujuria, la gula o la envidia. El Ser se expresa por medio de las virtudes, pero no de aquellas que son fingidas o aparentes, sino de las que brotan espontánea y naturalmente como resultado de un trabajo interior.
Estas virtudes nacen mediante sacrificios conscientes y padecimientos voluntarios, indispensables para quien desea desintegrar el yo psicológico y permitir la manifestación de la verdadera naturaleza espiritual.
Un centro de gravedad consciente y permanente
Cuando se afirma que el alma es un centro de gravedad consciente y permanente, se hace referencia a que está más allá de la dualidad. No cambia constantemente de un extremo a otro, porque la conciencia tiende a expandirse de manera continua en visión y comprensión.
La dualidad solamente percibe una parte de la realidad: lo positivo o lo negativo. Por ello cambia constantemente de un polo a otro y no puede comprender la totalidad de las cosas.
El alma es integración
El alma es íntegra. Esto significa que no posee contradicciones internas. No piensa una cosa, siente otra y actúa de una manera distinta.
El Ser necesita esa integridad para poder expresarse.
En el budismo se habla del Noble Óctuple Sendero, compuesto por ocho prácticas:
Visión correcta.
Intención correcta.
Habla correcta.
Acción correcta.
Medio de vida correcto.
Esfuerzo correcto.
Atención plena correcta.
Concentración correcta.
Asimismo, existen las Cuatro Nobles Verdades, cuya comprensión profunda requiere un estado de integración interior. La enseñanza gnóstica también posee una interpretación propia de estas verdades, aunque no las abordaremos en este artículo.
Lo que impide el desarrollo del alma
Para comprender mejor este tema, también debemos hablar de aquello que impide el desarrollo del alma: el yo psicológico.
Dentro de la enseñanza gnóstica, estos yoes son conocidos como agregados psíquicos y representan la personificación viva de nuestros defectos. Entre ellos encontramos la pereza, el orgullo, la codicia, la ira, la lujuria, la gula, la envidia y todos sus derivados.
Al conjunto de estos defectos se le denomina ego.
El yo psicológico
El yo psicológico actúa como un parásito dentro de la psiquis, la psique o el alma. Su función es dividir, separar y fragmentar. Es la cizaña mencionada en la parábola del sembrador.
Estos yoes no trabajan de manera aislada; varios pueden actuar simultáneamente y manifestarse a través de los cinco centros de la máquina humana, de los cuales ya hemos hablado en temas anteriores.
Por ello resulta tan difícil comprenderlos. Pensamos de una manera, sentimos de otra y actuamos de una tercera forma.
Como consecuencia, nos convertimos en personas falsas e hipócritas. De ahí surge la falsa personalidad y las múltiples máscaras que utilizamos en la vida cotidiana.
Esto provoca contradicciones, indecisiones, frustraciones, sentimientos encontrados, infidelidad, desánimo, hastío e inconstancia. Como resultado de todo ello aparecen la infelicidad, la amargura y el sufrimiento.
Somos muchos
No poseemos una identidad real y permanente. Somos una multiplicidad de yoes con distintas formas de pensar, sentir y actuar.
Cada yo se considera único, pero ninguno es permanente. Constantemente uno desplaza a otro. Se enfrentan entre sí, generando contradicciones internas, y además poseen una naturaleza gregaria.
¿Qué significa ser gregario?
Ser gregario significa vivir dentro de un grupo y actuar sin verdadera iniciativa personal, ajustándose a lo que hacen los demás.
De ahí surgen las modas, los fanatismos deportivos, las corrientes políticas, la idolatría hacia artistas, ciertos movimientos religiosos y muchas otros programas creados por el mismo ego.
Como el ego carece de una identidad real, crea una identidad falsa para sentirse algo que no es. Y cuando alguien lo confronta con su realidad, se siente profundamente herido en su orgullo y experimenta un gran sufrimiento.
La enseñanza de Jesús
Por esta razón, el Hombre Verdadero, Jesús, enseñó:
«Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» (Mateo 16:24)
Ese primer factor, negarse a sí mismo, implica renunciar a todo aquello que desea el ego y trabajar en la destrucción de la falsa personalidad.
Tomar la cruz y seguirlo son enseñanzas profundas que estudiaremos más adelante.
También dijo:
«¿Qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?» (Mateo 16:26)
Y añadió:
«Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus obras.» (Mateo 16:27)
Reflexión final
Te invitamos a reflexionar profundamente sobre este tema y a estudiar los artículos anteriores para comprender mejor estos conceptos dentro de una secuencia ordenada de conocimiento.
Solo así será posible profundizar en la comprensión del alma, del Ser y del trabajo interior que propone la enseñanza gnóstica.
Deja una respuesta